De padres a hijos: futbolistas con legado familiar en el Mundial 2026

Publicado: July 13, 2026      Tiempo de lectura:
futbolistas con legado familiar

Nico Paz, Erling Haaland, Giuliano Simeone, Gio Reyna y más. Aquí los hijos que llegan al mayor torneo del mundo siguiendo los pasos de sus padres. En Los Defensores, repasamos algunas de las historias de futbolistas con legado familiar en el Mundial 2026.

El fútbol tiene una manera única de transmitirse de generación en generación. No como una herencia que se lega en papel, sino como algo que se vive en casa: los partidos que el padre ve en televisión con el hijo en los brazos, los balones en el jardín, las historias de vestuario que se cuentan en la mesa. Y a veces — no siempre, pero a veces — ese hijo crece, trabaja, persevera y termina jugando el mismo torneo que su padre jugó años antes.

El Mundial 2026 es, en ese sentido, un torneo especialmente rico en futbolistas con legado familiar. Hay hijos de internacionales que llegan a su primera Copa del Mundo, hay apellidos que regresan a la competición más grande del fútbol décadas después, y hay historias que van mucho más allá del fútbol: historias de sacrificio, de identidad, de orgullo familiar transportado de un continente a otro.

Nico Paz y Pablo Paz — Argentina, de Francia 1998 a 2026

Nico Paz es hijo del exinternacional argentino Pablo Paz, quien jugó en el Mundial de Francia 1998. Casi treinta años después, Nico Paz llega a su primer Mundial como parte de la selección argentina campeona del mundo.

Nacido el 8 de septiembre de 2004, Nico Paz es un mediocampista ofensivo de perfil zurdo conocido por su creatividad, visión de juego, capacidad de controlar el tempo y ojo para el gol.

Nico Paz se convertirá en el primer jugador en la historia de la selección argentina en disputar un Mundial sin haber jugado nunca en un club del país, incluyendo en categorías juveniles.

Nacido en España, creció en las academias del Real Madrid y actualmente es una de las figuras más llamativas de la Serie A italiana con el Como de Cesc Fàbregas.

Su historia familiar es también una historia de identidad: aunque nacido en Santa Cruz de Tenerife, eligió representar a Argentina por sus raíces familiares. Pablo Paz no llegó a disputar muchos minutos en aquel Mundial de 1998, pero la presencia del apellido Paz en una Copa del Mundo quedó registrada. Ahora es Nico quien escribe el siguiente capítulo, y su trayectoria da continuidad al apellido en la selección argentina dentro de un equipo campeón del mundo que lo incluyó en su nómina de 26 jugadores.

Erling Haaland y Alf-Inge Haaland — Noruega, de 1994 a 2026

Esta es la historia más épica de las dinastías familiares en el Mundial 2026, y no solo por los números.

Erling Haaland nació en Leeds, Inglaterra, donde su padre, el futbolista Alf-Inge Haaland, estaba jugando en la Premier League en ese momento. El padre de Erling, Alfie, fue parte del equipo noruego de 1994 que no logró avanzar de la fase de grupos. Fue la única vez que representó a su país en la competición.

El hijo fue más lejos. Mucho más lejos. Erling Haaland nunca había visto a Noruega en un Mundial, pues nació dos años después de Francia 1998, cuando los noruegos vencieron a Brasil en la última jornada de la fase de grupos para avanzar a octavos. Liderar la clasificación de Noruega al Mundial 2026 fue, por tanto, un objetivo personal que el delantero del Manchester City persiguió durante años.

Y lo que ha hecho en el torneo está siendo extraordinario. Los datos lo resumen bien: con 62 goles en 54 apariciones internacionales, Haaland es el máximo goleador histórico de su selección con una tasa de 1.15 goles por partido. Sus dos goles contra Brasil en la ronda de 32 llevaron a Noruega a los cuartos de final por primera vez en su historia, empatando en el liderato de la Bota de Oro junto a Messi y Mbappé.

Lo que el padre vivió como una participación discreta en Estados Unidos 94, el hijo lo está convirtiendo en historia del fútbol noruego. Además, la ha transformado en una carrera de élite con Noruega.

Giuliano Simeone y Diego Simeone — Argentina, de 1994–2002 a 2026

Argentina soccer

Pocas historias en este Mundial tienen la carga emocional de la de los Simeone. Diego Armando Simeone fue uno de los grandes mediocampistas de su generación e internacional argentino en tres Mundiales (Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea/Japón 2002) y uno de los jugadores más apasionados que ha dado el fútbol latinoamericano.

Hoy es el entrenador más longevo de la historia del Atlético de Madrid. Y su hijo juega en ese mismo club, bajo su dirección.

Giuliano Simeone Baldini nació en Roma cuando su padre Diego estaba jugando para la Lazio. Su inclusión en el plantel para el Mundial 2026 representa una victoria en una carrera contra el tiempo que comenzó en agosto de 2023, cuando sufrió una fractura de peroné y una luxación de tobillo durante la pretemporada con el Alavés.

Simeone reveló mensajes de un chat familiar de 2023 en los que prometió que jugaría en el siguiente Mundial tras sufrir esa lesión grave que lo tuvo cinco meses fuera. “Voy a jugar el próximo Mundial”, escribió. Lo cumplió. Debutó en el partido de Argentina contra Jordania. “Debutar en un Mundial es algo increíble. Lo soñé desde pequeño y durante la recuperación me aferré a esos sueños”, declaró después del partido.

Lo que hace especial a esta historia es el círculo que se cierra: Diego Simeone jugó varios Mundiales representando a Argentina con total entrega. Su hijo ahora hace lo mismo, con la misma camiseta, pero buscando su propio camino en el fútbol frente al pesar que implica cargar con la figura del “Cholo”.

Giovanni Reyna y Claudio Reyna — Estados Unidos, de 1994–2006 a 2026

La familia Reyna es una de las más representativas del fútbol en Estados Unidos. Claudio Reyna tuvo una trayectoria brillante y fue uno de los mejores futbolistas estadounidenses de su generación, internacional en cuatro Mundiales consecutivos: Estados Unidos 1994, Francia 1998, Corea-Japón 2002 y Alemania 2006. Un récord de longevidad mundialista que habla de una carrera extraordinaria.

Su hijo Giovanni llegó al Mundial 2026 con una historia muy diferente. Qatar 2022 fue una decepción personal: una discusión con el entonces entrenador Gregg Berhalter sobre supuesta falta de esfuerzo casi lo envió a casa de ese Mundial.

Su carrera en clubes también sufrió baches importantes. Pero en el primer partido del torneo, contra Paraguay en Los Ángeles, Reyna anotó un gol de trivela en el último toque del partido, en la victoria 4-1 de Estados Unidos. También era una forma de buscar reconocimiento propio, más allá del apellido Reyna.

La celebración de Reyna con las manos en las orejas fue interpretada como una respuesta a todo el ruido que lo había rodeado desde el último Mundial. Para Claudio, que vivió cuatro Copas del Mundo desde adentro, ver a su hijo reivindicarse en el torneo más grande del mundo, jugando en casa, debe tener un sabor muy particular y una alegría especial después de todo lo vivido.

Anthony Elanga y Joseph Elanga — de Camerún 1998 a Suecia 2026

Esta es quizás la historia familiar más conmovedora del torneo desde el punto de vista de la identidad. Joseph Elanga representó a la selección de Camerún en el Mundial de Francia 1998. Después de aquel torneo, construyó su vida en Europa, específicamente en Suecia, donde jugó para el Malmö FF. Anthony nació en Malmö en 2002, mientras su padre jugaba para ese mismo club.

Cuando llegó el momento de elegir selección, Anthony tenía tres opciones: Camerún, Suecia o Inglaterra. Eligió Suecia, el país donde creció, donde comenzó a jugar al fútbol y donde se formó como persona. En el fútbol internacional, esa decisión resume una identidad familiar repartida entre continentes. Y ahora, Anthony Elanga está en el Mundial 2026 con Suecia, 28 años después de que su padre Joseph representara a Camerún en Francia 1998.

Durante la fase de grupos, Elanga anotó un gol crucial contra los Países Bajos y otro decisivo contra Japón, que le dio a Suecia el empate necesario para avanzar a la siguiente ronda. Padre e hijo, dos Mundiales diferentes, dos países diferentes, el mismo apellido y la misma pasión.

Luca Zidane y Zinédine Zidane — de Francia 1998–2006 a Argelia 2026

France

Esta es, sin duda, la historia familiar con mayor carga simbólica del Mundial 2026. Zinédine Zidane jugó tres Copas del Mundo con Francia — 1998, 2002 y 2006 — ganando la primera de ellas y siendo el jugador más influyente del torneo de Alemania 2006, donde marcó un gol de penal en la final antes de ser expulsado por su famoso cabezazo.

Su hijo Luca llega al Mundial 2026, pero no con Francia. Luca Zinedine Zidane, nacido el 13 de mayo de 1998 en Aix-en-Provence, juega como portero para Argelia. Aunque nació en Francia y creció en España durante la etapa de su padre en el Real Madrid, Luca eligió honrar las raíces de sus abuelos paternos, que emigraron de Argelia a Francia.

FIFA aprobó su cambio de federación en septiembre de 2025, permitiéndole representar a Argelia. Pocos meses antes del torneo, sufrió una fractura de mandíbula, mentón y una fuerte conmoción cerebral en un partido con el Granada. Decidió jugar el Mundial igualmente, usando una máscara protectora en todos los encuentros.

El giro simbólico del relato es imposible de ignorar: en el primer partido de la fase de grupos, Argentina venció 3-0 a Argelia, con Messi marcando un hat-trick. Luca Zidane fue el portero que recibió esos tres goles. Fue el hijo de Zidane en el arco, frente al sucesor de Maradona en el ataque. Otro capítulo en la historia interminable de los grandes apellidos del fútbol.

No todos los hijos de leyendas llegan al mismo nivel: Enzo Zidane, hijo de Zinedine Zidane, no ha alcanzado el nivel de su padre, y Jordi Cruyff, hijo de Johan Cruyff, no ha igualado los logros del suyo; Justin Klinsmann, hijo de Jürgen Klinsmann, tampoco ha destacado al nivel de su padre. El apellido puede abrir puertas y, sin embargo, no garantiza el mismo impacto ni evita comparaciones, como también muestra Timothy Weah, que no ha alcanzado el mismo reconocimiento que su padre.

El legado familiar de futbolistas que no se hereda, se gana

Ser hijo de un gran futbolista es, a partes iguales, una ventaja y una carga dentro de un deporte que amplifica cada comparación. La ventaja es obvia: el acceso a entrenadores, instalaciones y conocimientos que otros no tienen desde pequeños. La carga también lo es: el apellido llega antes que el jugador, y hacerse un nombre propio más allá de él no siempre es sencillo.

Lo que demuestran las historias de estos seis futbolistas —Nico Paz, Erling Haaland, Giuliano Simeone, Giovanni Reyna, Anthony Elanga y Luca Zidane— es que el legado familiar en el fútbol no se hereda automáticamente. También hay otras familias que han sabido sostener ese peso y convertirlo en campeonato, como los Schmeichel, otro ejemplo de cómo un apellido puede mantenerse vigente a través de distintas generaciones.

La familia Maldini incluye tres generaciones de futbolistas en la historia del fútbol, y Paolo Maldini es considerado por muchos uno de los mejores defensas de la historia. Ese linaje ocupa un lugar de élite dentro del fútbol familiar. Lilian Thuram fue campeón del mundo en 1998, y sus hijos siguieron su camino para dejar su propia huella.

Los hermanos Alcántara, Thiago y Rafinha, se formaron en el FC Barcelona, donde su reconocimiento llegó desde etapas formativas en una cantera que ha visto crecer a tantas estrellas. Son casos que muestran cómo ciertas leyendas familiares solo perduran cuando el talento encuentra espacio para desarrollarse.

También hubo otros apellidos ilustres capaces de extender esa tradición sin necesidad de repetir exactamente la misma historia, con las cosas que implica crecer entre expectativas, comparaciones y oportunidades.

El apellido abre la puerta. Lo que pasa después depende exclusivamente del heredero: ese puesto en la élite se gana en el campo, no por herencia.

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